Delito y sociedad

EL COMPORTAMIENTO ANTISOCIAL

Tal y como apuntaban los autores destacados en la teoría del “Arraigo Social”, todos los individuos somos posibles delincuentes en potencia. A la gran mayoría les frena el miedo a las consecuencias que se podrán originar tras esas conductas dentro del ámbito de nuestras relaciones más cercas (familiares, amigos, compañeros).

Se crea varios postulados, por un lado, la controversia que existe entre la importancia de la libertad personal frente al preceptivo de la sociedad por defender las normas morales. Por otro lado, el problema de la conceptualización de daño, es decir, ver las consecuencias sufridas sólo por el sujeto delictivo hacia el resto de la sociedad. También se tiene en cuenta la existencia de negativas consecuencias que no pueden ser evidentes inmediatamente sino que aparecen después de la realización de la conducta delictiva.

Para cada postulado mencionado anteriormente, podemos destacar a autores que centran su atención en diferentes aspectos para determinar el acto como delictivo, o no situacionalmente. Sin embargo, algunos autores han argumentado que es importante saber cómo respetar las normas morales establecidas en la sociedad, si una sociedad no tuviera o mantuviera normas sería un caos e inestable.

Por lo tanto, defienden que una política que permite la ejecución de actos considerado socialmente  como inmorales dentro de una cultura, estaría debilitando la cohesión social y el consenso de la conducta adecuada, como consecuencia, estas acciones conducirían al vahído de la sociedad.

Los críticos Meier y Geis, destacan que judicialmente la ley no puede prohibir todas aquellas conductas que son probablemente dañinas, por lo que tampoco se debe prohibir las prácticas menos aceptadas (inmorales) socialmente (Meier y Geis, 1997).  Por otro lado, algunos autores señalan como este razonamiento como no válido, debido a que estos defienden que los delitos son perjudiciales socialmente y necesitan un control y penalización.

 James Q. Wilson y George Kelling en 1982, en la teoría de las Ventanas rotas” hace hincapié en modificar el ambiente para evitar o prevenir el delito. El crimen es el resultado inevitable más peligroso del desorden, el delito es mayor en las zonas donde predomina el descuido del entorno, el destrozo del mobiliario urbano y la suciedad. Si hay una ventana rota en un edificio, y esta no se restaura pronto, ocasionará que todas aquellas ventanas sean también destruidas, por lo que, será el inicio por el cual los vándalos habiten el edificio” (Wilson y Kelling, 1982).

1. Corrientes criminalistas desde el enfoque social

Aparecen una serie de paradigmas que explican una serie de postulados para solucionar el malestar social mediante una serie de medidas diferentes entre ellas por cada corriente.

Aparece una primera corriente denominada “El Realismo de Derecha”. Sus ideas se basan fundamentalmente a lo llamado como Neopositivismo criminológico, como un paradigma de la criminología moderna que se centra en estudiar el control del delito.

Para Wilson, los delitos más serios deben de ser castigado con penas más duras para los delincuentes. Sin embargo, para aquellos delitos menos serios, el Estado deberá intentar crear un orden.

Wilson insiste en que la ciudadanía debe implicarse. La policía y el Estado no pueden controlar por sí solas la delincuencia. Es decir, si los ciudadanos no participan en el control, no se logrará controlar la problemática (Wilson, 1975).

Filippo (Gramática, 1947), en su teoría de “Defensa y Política Criminal”, afirma que el Estado es el encargado de eliminar las causas que provocan el malestar en la sociedad, y no castigar en exceso a los delincuentes. Esto significa que se debería de ver el motivo por el que estos delincuentes cometen esos hechos. Deben realizar obras de socialización con medidas de defensa social, preventivas, educativas y curativas. 

Afirmaba que la gran mayoría de individuos, destacando las clases media y baja, querían aspirar a algo más. Quieren imitar a las clases Altas (tener lo que ellos tienen, vivir como ellos viven).

Esta argumentación es una de las más fundamentales y principales en las que basaremos nuestro estudio.

La segunda corriente a destacar es la denominada “Criminología Administrativa” deriva de la sociología del control social. Mantiene una relación con la anterior corriente por compartir el mismo interés de control estatal.

Ron Clarke junto a Felson, en 1998, empezaron a estudiar ambos el comportamiento delictivo de los sujetos.  Entienden que el comportamiento normal y el comportamiento delictivo son muy similares. El comportamiento de los delincuentes no es diferente al de la gente normal, debido a que todos nos movemos por un mayor beneficio con un menor coste.

Aparecen una serie de corrientes dirigidas al estudio de las causas que podían provocar que los individuos sean implicados en actos delictivos.

Antes de identificar las diferentes corrientes, se mencionará a la Escuela Antropológica o de Lyón. Estos autores reconocen una base patológica en la conducta del criminal, donde misma mente influyen los factores ambientales.

Por otro lado, teóricos que defiende la teoría del “Refuerzo Diferencial” El comportamiento delictivo estará determinado por las ventajas o desventajas que le suponga el mismo. Ante dos situaciones el individuo elegirá la que le suponga mayor beneficio frente aquella que le suponga una sanción. Este hecho ocurre desde nuestra primera socialización, aconteciendo a hechos donde el sujeto es premiado cuando hace algo bien, y sin embargo, castigado cuando lo hace mal. Pero no siempre la balanza del bien y el mal, o de los pros y contras se va hacia el lado positivo. Por ello ocurren conductas desviadas, no siempre ves las consecuencias de los actos que vas a realizar, el sujeto no se para a analizar cada acción realizada en el día (Akers y Burgess, 1966).

Según Lacassagne (1899) el crimen nace de dos factores:

 Una primera donde destaca la predisposición y deseo de delinquir; y por seguido, los denominados por Lacassagne trasmisores de contagio, es decir, la familia, la escuela, amigos, etc. 

Cualquier persona puede ser criminal, depende de factores individuales como el deseo y la motivación, o por factores sociales, donde predomina el entorno.

 Lacassagne, respecto al tema, destacó que no era lo mismo aquel que vive en una familia trabajadora, a quien se le enseña que el dinero hay que ganarlo con esfuerzo, con aquel obtiene beneficios sin sacrificio. Por lo que, conseguir las cosas sin esfuerzo hace que se forje a delincuente.

“En las reglas del método sociológico”(Durkheim, 1895), nos destacó el delito como un fenómeno social normal. La criminalidad es producto cultural que deriva de la estructura de la misma sociedad. Por lo tanto, concluye que el estudio de la criminalidad solamente se podrá realizar analizando la cultura que lo ha producido en un tiempo y espacio determinado.

Podemos destacar el llamado “Realismo de Izquierdas”, como aquella corriente donde

Apuntaban que la causa del delito cometido es la desigualdad.

Cuando hablamos de desigualdad no hablamos de los grupos afectados por ella, es decir, no es la pobreza provocada en sí misma, sino el delito como parte de una reacción ante esa desigualdad.

Lo que es importante es el impacto del delito real, lo importante es saber cuánto delito real se está produciendo y cuál es el impacto que tiene.

Autores como Martinson (1974), Hope (2004) y Walters (2000) trataban investigaciones sobre la criminología critica. En ella se estudiaba la política criminal, la criminología administrativa es decir, se estudiaba los medios de control criminal y su funcionamiento.

Autores pertenecientes a esta rama criminalista, concluyen que el papel del Estado es el de promover la justicia social. El objetivo del Estado es intentar re-nivelar las diferencias sociales manteniendo siempre firme la justicia social.

Nuestros autores destacados pensaron en el rol del ciudadano como un papel fundamental. Debido a ese elemento formal, y de apoyo a la policía y al Estado.

Como última anotación, estos autores señalaron la amenaza contra la desigualdad. Postularon que combatiendo contra ella, se podía acabar con el delito.

Respecto al postulado de la desigualdad como hecho que condiciona o causa el delito, encontramos los argumentos de la corriente “Idealismo de Izquierdas”.

Esta teoría proviene de la teoría del etiquetaje, podríamos se podría decir que es la versión moderna actualizada.

La desigualdad sólo es posible mantenerla mediante la coerción, debido a que la igualdad es el estado de naturaleza del ser humano. Por otro lado, afirman que las instituciones de control, destacando el papel de la policía, es mantener la desigualdad. Por consiguiente, hace que el Estado utilice el delito como una mera excusa para poder expandir su control.

Destacando el autor Cohen en su “Visiones del control social” (Cohen, 1985) pone acento en una serie de postulados propios dentro de esta corriente teórica. El control social en las sociedades modernas se caracteriza por tres cosas:

1. Existe más control, por lo que, la existencia de sobre control provoca más desviación.

2. Es menos visible y más sutil.

3. Se interioriza más en la vida de las personas. Por un lado, a la existencia de más gente, se crean nuevas formulas de control más allá del papel que había tenido el barrio y la familia como elementos de control social.

Aparecen unas nuevas corrientes en las que se reflejan nuevas ideas de la criminología crítica aparecen en 1985, de la mano de autores como Taylor, Walton y Young, aparte de más autores importantes.

Argumentaban que la criminalidad surge de las contradicciones producidas del sistema capitalista. Se argumentaba que los delitos de los poderosos no son considerados como delitos. El ordenamiento jurídico es creado por la sociedad capitalista para asegurar su preservación y el sometimiento de los que no controlan el poder.

Para entender las causas de la delincuencia hay que analizar aquellos factores sociales que influyen en el perfil del delincuente, y examinar aquella responsabilidad que mantiene el estado y de los que lo sostienen. Hay que llegar a esa conclusión de que lo que más afecta al delincuente es el entorno, la sociedad en general, sobre todo lo más cercano los amigos, la familia, la educación recibida.  Se crea una situación determinante.

En la teoría de los” factores determinantes del delito” (Ferri, 1978), nuestro autor destacó en su teoría aspectos sociales que influyen en el individuo.  Los factores que pueden vincular con el delito serán: la densidad de población, la religión, la opinión pública, la educación, la familia, el alcoholismo, entre muchos otros.

Ferri decidió darle un sentido del bien y del mal al acto moral. Lo relaciono con la educación, donde está la relacionó con la familia, y la escuela. Según Ferri con la educación viene el diferenciar el bien del mal, incorrecto de lo correcto. 

Respecto al entorno, dentro de esta perspectiva, la Escuela de Chicago hizo una teorización sobre las “áreas criminales”. Para Shaw (1929) lo que diferencia al no delincuente del delincuente es el barrio donde vive el individuo. Donde la delincuencia es solo uno de los síntomas de la desorganización social, donde destaca paro, deterioro, conflicto social.  En esos barrios el individuo está más expuesto a delinquir, pero no obligado.

Como señaló Merton en “Dinámica Social” en 1968, hay grupos que se caracterizan por la cooperación y asociación íntima. Sin embargo existen otros que se basan en la adscripción voluntaria, es decir, buscan o tienen un mismo fin.

En el caso de Merton (1968), la causa de la conducta criminal estaba alojada en la idea de un déficit. Un déficit que expresa las carencias personales y sociales provocadas por la deficiencia estructural de las oportunidades sociales, que afectaban al individuo en sus posibles adaptaciones en un ambiente problemático, se trata, entonces, de un tipo de defecto personal que hubiera la internalización esa correcta culturalización de valores contenidos en él (Virgolini, pag. 23).

 Según Merton (1968), las personas (individualmente) se adaptan y se relacionan de acuerdo con la posición que ocupan en la estructura social, y de acuerdo a cómo pueden incorporar las normas culturales a que son sometidas.

Sorokim (1947) en su obra ” Personalidad, Cultura y Sociedad”, Hace una distinción o separación de tres sistemas complementarios: sociedad, cultura y personalidad. 

Destacó que el comportamiento social del individuo viene determinado por varios factores, el componente biológico, psíquico, social y cultural. 

Con estos elementos el individuo se interacciona y asimila los elementos socioculturales que puede capta del medio ambiental introduciéndolos en su personalidad. Es decir, la personalidad del individuo se forma con el tiempo, teniendo en cuenta el contacto con otros individuos y las acciones que se producen diariamente. Los individuos adquirimos la cultura, después nosotros mismos debemos hacerla nuestra, es decir, que ella forme parte de nosotros para poder adaptarnos al entorno con esos valores y formar la personalidad que hemos ido adquiriendo.

Mediante la interacción entre otros individuos se puede producir conductas semejantes entre ellos que lleven a unas mismas creencias. A raíz de ahí se destaca la subcultura como un método causante del acto delictivo. Por ello, se debe de estudiar las Teorías Subculturales desde un enfoque conflictivo.

Según Hood, R. y Sparks, R (1970), la delincuencia no es simplemente un conjunto de actos individuales, sino que, se aprende en la relación con otros; igual que otros valores, donde las pautas de conductas y son adquiridas (Richard y Sparks, pag.80-81).

Señalaron que los delincuentes habituales frecuentan la compañía de otros delincuentes, por lo que, comparten el “mismo modo de ver las cosas”.  Con el paso del tiempo, esta manera de “ver las cosas” se convierte en rutina entre los grupos de delincuentes.

 Richard y Sparks dijeron que la influencia de una subcultura es la que determina la conducta de un individuo. Estos autores quisieron hacer hincapié en si dicha subcultura es un fenómeno característico de las clases bajas o si existen relaciones y normas sociales similares entre los jóvenes de clase media (Richard y Sparks, 1970, p.81).

Kube (1942) establece una serie de medidas para prevenir la delincuencia: 

Una primera medida donde se limita la densidad poblacional,  de esa forma no habría tantas personas sin trabajo que se ven “obligadas” a delinquir para sobrevivir; y así evitar la creación de guetos, o zonas no adecuadamente estructuradas.

Por lo tanto, un área que permanece desordenado es débil ante la invasión por parte de los delincuentes, lo que afecta a la calidad de vida de sus residentes.

Los barrios cuyos habitantes piensan que se pueden regular las conductas públicas mediante una serie de controles informales, tienden a ser áreas que no llaman a la actuación de posibles actos vandálicos. Por el contrario, las áreas que parecen tolerar el desorden, en las que nadie se preocupa por controlar y cuidar el entorno físico, se convierten en áreas que invocan la aparición de otros tipos de delincuencia (kelling & coles, 1996).

Se indaga en las teorías que pueden aportar información al origen del comportamiento delictivo, y a las teorías desde una perspectiva social que ponen solución a este fenómeno sociocultural.

2. Causas del comportamiento delictivo

Desviación social

Una vez analizada las siguientes corrientes formadas para estudiar la motivación individual, o colectiva de los sujetos ante el delito (causas y control social causante). Se pasará a analizar la desviación social como un hecho fundamental y distintivo.

En su obra Utopía, Tomás Moro (Moro, 1516) destaca la posible relación de los factores socio-estructurales con el crimen. Se destaca las carencias educativas, factores socioeconómicos como fuentes de problemas. 

Los factores socioeconómicos es una de las principales fuente del problema indudablemente, muchas personas delinquen por necesidad. Mientras más pobreza exista en una sociedad, en determinados lugares o clases sociales, más delitos se cometerán.

“Los delincuentes deben valorar la parte negativa que pueden conllevar sus actos, castigos, privaciones de libertad, sociales y económicas” (Moro, 1516, p.36).

 Eso llevará al sujeto el planteamiento de delinquir o no, una vez que se valore la consecución negativa. Aunque hay actos que se realizan impulsivamente, donde no puedes parar a pensar lo que conlleva hacer estos delitos. 

El orden y el control que se ejerce sobre los individuos es lo que paraliza los comportamientos desviados. Se trata de un sistema social auto-regulado, donde desviación suponía la ruptura de las normas, y por ello se daba como un acto representativo disfuncional para la posible estabilidad del sistema, cuyo origen podía ser ubicado en un defecto producido en la socialización. Se postula desde una teoría del control social del sujeto desviado.

De este modo, los mecanismos de control social debían encaminar al individuo a la reinserción de unos esquemas de valores y a la persecución de fines mediante normas sociales preinscritas (Virgolini, pag. 23).

Para Becker, el grado de “desvío social” depende de cómo lo vea el entorno más cercano. Se debe a que esa  misma conducta o comportamiento puede ser una irregularidad ante las reglas en algún momento determinado (espacio y tiempo), y no serlo en otra, puede ser considerada delito cuando es ejecutada por una persona determinada, pero no cuando la comete otra. Ante este caso se da una violación de algunas reglas. Entonces, la conducta desviada es el resultado de un proceso de interacción que tiene lugar entre la acción que se analiza y la reacción de otros individuos pertenecientes a la misma comunidad (villavicencio, 1997, p.116).

Desigualdad Social

Como decía Sutherland en Delincuencia de cuello blanco” (1949), A pesar de la cantidad de jóvenes que viven en pobreza extrema, sus correspondientes zonas residenciales no cuentan con una elevada tasa de delincuencia. Sin embargo, las clases socioeconómicas más altas tienen más posibilidades de evitar a la justicia, por ello, no forman parte habitual de la cifra oficial de delincuentes” (Sutherland, 1949).

Alteración del comportamiento

En relación al cambio social, Lamo de Espinosa dicta la hipótesis donde señala la utilidad del derecho como medio que altera los comportamientos de naturaleza instrumental (por ejemplo el aborto, el tráfico de estupefacientes), pero no las conductas expresivas (el consumo de drogas). Goffman, Garfinkel, Becker, dentro de la sociología de la desviación americana, cuestionan parte de la noción misma de delito: «para la sociología esa unidad es totalmente ficticia, pues es auto-referente: el delito es lo que es así definido» (p. 82).

Como dijo Horton, “El grupo primario controla prácticamente todo el comportamiento del individuo, hacen que con el tiempo vaya construyendo su personalidad, el “sí mismo” (Horton y Hunt, 1989, p.164).

Todo grupo social rige su vida interna mediante las reglas de conducta que se convierte en normas sociales a causa del respaldo de la presión social. Cuando la conducta del individuo no es adecuada a las normas sociales implantadas, tiene lugar el comportamiento desviado (lo no habitual).

Durkheim afirmaba que la sociedad no estaba conformada por individuos iguales ante la ley. Durkheim (El suicidio, 1897) señala que tanto la cohesión social como su ausencia (anomia), es lo que provoca las conductas antisociales.

El fenómeno de la anomia se presenta, mediante un conflicto provocado por un cambio cultural, hacienda que se pueda originar la desorganización social o anomia; esto no ocurre si la cohesión del grupo es ponderosa.

Subcultura desviada

Albert Cohen (1918), quiso ver el delito desde un abordaje sociológico y explicativo. Nuestro autor entiende la cultura como algo diversificado, variado, y no utilitario; destacando la estratificación cultural por edad, sexo, raza, etnia, ocupación, ingresos y clase social. 

Según Cohen para los jóvenes de clases bajas existen dos caminos:
-Tendrán que aceptar su destino y resignarse, o adoptar patrones desviados. 
– Promoción social como medio de escape, donde tendrán que abandonar los valores culturales de su clase de origen y asumir nuevos patrones culturales que les son propios.

En los barrios bajos organizados nos encontramos con:

La subcultura criminal: ofrecen un aprendizaje a los jóvenes, donde se les enseña técnicas criminales, además de oportunidades para conseguir el éxito. 

En los barrios bajos desorganizados con movilidad social, excluidos, nos hallaremos ante:

La subcultura conflictiva: conductas violentas para conseguir estatus por el control del entorno.

La subcultura de retraimiento: elegida por aquellos que no han podido optar por unas oportunidades legítimas para poder conseguir sus objetivos.

Los jóvenes de clase baja prefieren trabajos estables aunque proporcionen bajos ingresos. Esta insatisfacción de estatus les produce una alta frustración.

Esto supone que existan cuatro tipos de jóvenes:

-Jóvenes que eligen cambiar de grupo frente a un cambio de estatus económico.

-El grupo de jóvenes que eligen cambiar ambos factores.

– Jóvenes que se conforma con el grupo de pertenencia y a su posición económica. 

-Los que optan por un cambio de nivel económico pero sin cambiar el grupo al que pertenece.

Cloward y Ohlin describen la subcultura de forma distinta; consideran que la delincuencia es “aquel método de hacer frente a la ausencia de oportunidades para así  conseguir la meta (ingresos económicos) mediante la sustitución del trabajo personal u otros medios legítimos, por otros ilegítimos para conseguir dicho fin” (Richard y Sparks, 1970, p.83).

 Marvin Wolfgang en su obra “Patterns in criminal homicide” (1958), afirmó que puede haber una subcultura violenta cuya caracterización es  recurrir a las agresiones físicas, como resultado esperado, aprobado socialmente.

Se puede ver las diferencias entre cada autor señalado por una determinada época, donde se pueden ver postulados ciertos, de los cuales se puede prescindir de algunos afectados por el cambio social.

Aprendizaje desviado

Todos los individuos se pueden desviar a lo largo de su vida, pero son los de las clases más bajas los que están más expuestos a esa desviación. 

Teorías del aprendizaje social: La conducta desviada se aprende como muchas cualidades. Las clases bajas son el grupo que más aprende la conducta desviada. 

Según Bandura (1977), toda aquella fuerza que produce, mantiene y alimenta toda aquella forma agresiva y antisocial de comportamiento, es un factor intrínseco en una sociedad dividida por clases. Para evitar dichas conductas y comportamientos sería necesario distribuir homogéneamente la riqueza social, eliminar los abusivos sistemas de control. 

Para eliminar dichas conductas desviadas, se debe transformar el modelo social y la división en clases que hacen que se genere el problema. 

Como apuntaban varios autores, no hay que castigar al delincuente, sólo tenemos que evitar que el individuo no delinca.

3. Consecuencias de la conducta antisocial

Control social y del Estado

Como consecuencia más común tenemos la proporcionalidad de bienes y servicios, y Fuentes de ingresos.

Otra de las consecuencias de este tipo de delitos, es el escaso efecto que casusa la pena en el individuo que comete el delito.

Rico, (1979) hace hincapié en las investigaciones sobre el aborto, el alcoholismo, y las drogas. En general, se puede afirmar que las penas para estos delitos poseen un escaso valor amenazante.  Por otro lado, el efecto aterrorizador dependerá en primera medida del grado delictivo.

Otra de las consecuencias que se derivan de la acción de los llamados delitos sin víctima es el rechazo y señalización de grupos minoritarios. “Como apuntaba el autor, son los movimientos sociales quienes definen la dominante moral de un lugar determinado. Por lo que, el tema central es conocer quién aplica su ética a quién, quién margina a quién y cuál será el grupo que represente la sociedad como imagen ideal” (Gusfield, 1963).

Se produce un doble proceso tras la persecución y penalización de las conductas: por un lado, el espontaneo surgimiento de un sentido producido por una indignación moral cuya base es la clase media que pronto será estructurada; y por otro lado, los intereses profesionales y organizacionales de determinados grupos que encuentran en el discurso moral como un modo de representar los intereses particulares de forma general y universal (Lamo de Espinosa, 1989).

Etiquetaje

Teorías del etiquetamiento: La sociedad etiqueta algunos comportamientos del individuo como actos desviados. Se puede decir que es el origen de la llamada carrera criminal del individuo.

Howard Becker, es considerado el representante de la teoría del etiquetamiento (1963). Señaló que la desviación no es una cualidad del acto que realiza el sujeto, sino que es consecuencia de las sanciones impuestas por los grupos sociales.

Posteriormente, se descubrió que en el estudio del crimen la importancia de la naturaleza de aquellos grupos primarios de referencia, produciendo futuramente delincuentes dotados de técnicas para la supervivencia.

Después se planteó la relación político-social en el delito, transformando al delincuente en un individuo no tan diferente de los considerados sujetos decentes.

La nueva corriente del etiquetaje reprochó a las teorías anteriores su descalificación como “etiologistas”, debido a su interés por los factores de la criminalidad, donde olvidaron el postulado de que no existe criminalidad sin criminalización.

Por lo que, para la presente escuela, la criminalidad es una realidad por ser resultado de los procesos sociales.

Esta teoría parte de que tanto la desviación como la criminalidad son etiquetas colocadas a sujetos concretos por determinados procesos, dando así una desigualdad adquirida mediante mecanismos complejos.

Por lo tanto, la desviación no es un resultado del acto ejercido por un sujeto; es una consecuencia resultante de la aplicación reglas y sanciones a este ofensor por parte de otros sujetos.

Cuando el conjunto de reglas establecido dicta el conjunto de actitudes dado como adecuados o cómo no, aparece el comportamiento o conducta desviada.

La realidad del delito viene determinada mediante una construcción del propio delito y la selección del delincuente. Estos procesos se caracterizan por la adscripción estigmatizada.

Según esta teoría se debe ver a la persona que comete delito desde una introspección simpática, sugiere que los individuos pueden estar empujados a comportamientos criminales también porque han sido definidos y por lo tanto tratados como si fuesen criminales. Se considera que el efecto criminológico de la pena es una respuesta irracional, pues el sancionado asume una nueva imagen de sí mismo y redefine su personalidad.

Según Villavicencio (1997), la desviación puede ser una opción para el sujeto, pero se ignora cuando se produce el fenómeno del etiquetaje. La etiqueta conduce a la desviación. 

 La teoría del Labelling o etiquetaje no señala nada respecto a la explicación de una conducta no deseada socialmente, que no se caracteriza como delito. No da respuesta al problema de la desviación social, ni se preocupa de aquellos problemas básicos como los de prevención y control del delito, o la nueva socialización del delincuente. “La teoría del etiquetaje no otorga explicación alguna del origen del criminal o del antisocial” (Alonso, 1999, p. 114-119).

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